El papel de la Educación en la sociedad costarricense

Desde cualquier perspectiva, histórica, teórica, teológica, social o psicológica; la educación se ha percibido como eje central del desarrollo humano en todas sus áreas; es el disparador de nuestros valores, filosofías, creencias y condiciones; un sistema del que salimos para enfrentar esas mismas características desde miles de perspectivas diferentes; es así, sin duda, la educación, junto a la familia una plataforma de despegue en la vida de cualquier ser.  No obstante, el autor Juan Rafael Quesada nos cuestiona si el “valor histórico” de la educación ha sido el creador de esta historia de paz y desarrollo de la que nos gozamos o si es más bien la educación una consecuencia directa de factores y circunstancias que dan el ser costarricense de hoy día.  Sin importar la respuesta que se tenga, el papel  de la educación como eje integrador y vínculo de las personas a una sociedad,  al entorno social y humano (parece lo mismo, pero a la luz del análisis puede ser diferente.), es determinante en el caso de repasar la historia de un país.

Es relevante desmenuzar las perspectivas teóricas de los especialistas del área, en directa confrontación con las realidades de distintas clases sociales, desarrollando: El papel de la Educación en la integración de la sociedad costarricense.   Es claro que todo avance en los procesos educativos de los seres humanos traerá etapas de integración, socialización, búsqueda del sentido de pertenencia, etcétera; por tanto, se analizaran distintos alcances teóricos sobre el quehacer y obligaciones de la familia en estos amplios procesos integradores y se desarrollará un análisis crítico de éstos, a la luz de las realidades percibidas y vividas en la en nuestro mundo actual.  Asimismo, se plantearán las soluciones o recomendaciones pertinentes a este tema, bajo una filosofía holística que permita ser retomada en cualquier caso específico sin distingo de características, una ventana a preguntas que no siempre tienen respuesta, muchas veces por falta de interés.

Es así como el análisis de la génesis educativa costarricense, parece ser necesario; no solo por su valor histórico, Ilustración, Cortes de Cádiz, Período Colonial, etc; sino también porque es necesario replantear el valor que hoy en día se le da y reencontrar una respuesta a la pregunta de ¿Para qué se educa?

Teniendo como base la definición o perspectiva de educación, mayoritariamente aceptada, se puede desglosar los alcances del tema en cuestión, a través de un pensamiento base, “no se contaran en toda ella, cuarenta hombres de mediana capacidad…” “En todo el territorio de La Lajuela apenas se encuentran seis sujetos que sepan leer y escribir…” (Quesada, Juan Rafael, Educ. y Ciudadanía, 2007,  p.96).  Esta es la realidad, citada en época de la Colonia,  pocas veces racionalizada por el común de los dedicados al ámbito educativo, tanto docente como investigador; que deja en claro que desde siempre, se ha ligado nuestro país a una educación para establecer su desarrollo histórico; aunque en un inicio haya sido casi una dependencia de los pocos letrados costarricenses.

Siendo claros que la realidad educativa y ciudadana de Costa Rica, no esta ligada a sus grandes avances coloniales en educación, sino más bien ésta a ser consecuencia de una serie de acontecimientos históricos que calaron hondamente en la construcción de nuestra identidad nacional; queda por preguntarse que debemos hacer de aquí en adelante, para retomar ese ideal educativo (haya existido o no) de cara a los retos del siglo XXI.

La lucha por lograr procesos de educación holística; ligados principalmente a una evaluación integral y objetiva; han logrado que el valor fundamental de la educación costarricense empiece a dejar de ser un concepto abstracto y teórico.  La educación deja de parecer ligada a un número calificador o a una emoción pasajera que hace que alguien administre los resultados y desarrollo de los y las jóvenes, guiado por impulsos sin base alguna.  Empieza a tener otro significado, parece sugerirnos otras cosas.  Posee una fuerza etimológica inesperada.

Esta nueva concepción nos expresa definitivamente un valor, nos habla de la necesidad del compromiso.  Guarda dentro de sí el concepto de justicia, de cambio favorable y de consecuencia entre las teorías y las puestas en práctica.  El concepto de educación empieza a sugerirnos la posibilidad de transformar, de mejorar y no sólo de colaborar, de sumar o de puntuar los avances.

Dentro del proceso de medir el desarrollo de los estudiantes, es necesario dejar establecido de previo lo que hoy hacemos de cara al futuro, no corresponden al único medio existente para los profesionales en educación, es solo una base para desarrollar a futuro mejores perspectivas en cuanto al perfil de país que se quiere lograr.

En consecuencia con lo anterior; es necesario y casi urgente, iniciar el “desaprendizaje” del concepto obsoleto en los y las maestros, profesores, estudiantes y padres de familia; de ver la educación como una “experiencia” obligatoria, debemos cambiar este hecho que el autor Juan Rafael Quesada nos expone, lograr en esta generación que el futuro de Costa Rica sea consecuencia de nuestra educación y no un efecto rebote de situaciones del pasado. Educación va más allá del solo cálculo numérico de los avances, es un proceso integrador de todos los contextos donde se desarrolla la enseñanza-aprendizaje; siendo entonces la base que solucione los retos del país.

En la medida en que  seamos reeducados, eliminaremos esos pasajes históricos de ser “práctica educativa medieval de maestros y aprendices, una enseñanza doméstica del siglo XVI” (Quesada, Juan Rafael, Educ. y Ciudadanía, 2007,  p.145). Ahora bien, es importante que se involucren todos los miembros del núcleo familiar, no viendo al niño o joven como una meta en común, sino como un desarrollo natural de crecimiento que tenemos y vivimos todos los seres humanos tanto en si mismos como con nuestros semejantes; entendamos: No hay que educar al niño para hacer dinero… hay que educarle para ser ente activo y agente de cambio en su país y sociedad”.

Habiendo educado con respecto a la ruptura de paradigmas, es imprescindible entender que ésto es apenas el inicio de una labor de compromiso y esfuerzo, pues se lucha con un entorno preestablecido y anquilosado; la educación sigue siendo homogenizada y éstas tendencias mencionadas no dejan aún de verse como “privilegios” o “regalos” para los estudiantes.  Para educar en sentido completo de la palabra; se debe, como educadores, ser  garantes de este proceso y punta de lanza como lo vimos; debe eliminar las “diversidades” de antaño; “…la única diversidad educativa que se consideraba en el hogar era el género.  …las mujeres se educaban de una manera y los hombres de otra…”.  Hoy en día, debe existir una educación heterogénea, pensada para las realidades de los y las estudiantes, junto a sus familias; programas que permitan que los alumnos logren por diversos caminos el desarrollo máximo de sus potencialidades, una concepción clara de lo que deseamos ser.

Finalmente,  no debe obviarse que el proceso educativo, en la medida de lo posible, no termina con la escuela o colegio; la “formalidad” no es limitante de los sueños, del crecimiento individual de cada estudiante, razón por la cual es importante finalizar con este apartado, por momentos pocamente explorado.

La búsqueda de soluciones será el resultado de un futuro, de los individuos y una de una sociedad que despertó a las necesidades de su país, que toma conciencia y que enfrenta las  transformaciones que su país necesitada.  Pasemos más allá de proponer, a la acción de retomar el ideal de costarricenses que queremos.

Reflexionemos en lo expresado por el autor Quesada: “…desde los albores de la vida republicana, la esperanza en la educación ha constituido un elemento primordial en el imaginario costarricense.  Por eso, tal vez hoy como ayer, siga teniendo vigencia el deseo de hacer coincidir el sueño con la realidad.  Esa debe ser la tarea del ciudadano de hoy y mañana” (Quesada, Juan Rafael, Educ. y Ciudadanía, 2007,  p.171).

Esta nueva realidad de sembrar futuro, de ver acción más que las palabras;  nos expresa la urgencia de un cambio, nos expresa la necesidad del compromiso.  Siendo con ello la urgente realidad de crear, dar, sentir y forjar en los sueños, las risas, las carreras y mejillas sonrosadas de nuestros niños, los ideales de los jóvenes y, la acción… la suya y la mía hacia dejar este mundo en mejores condiciones de cómo lo encontramos.

 

One response to this post.

  1. Posted by Ezequiel Ernesto Matos Lugo on 14 abril, 2011 at 8:23 pm

    Es de suma importancia hoy día la alfabetización,nuestro progreso depende de ello.

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